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Alcazaba de Badajoz

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La historia musulmana dejó una importante e indudable huella en nuestro país, particularmente en Andalucía, pero no solo allí, ya que otras comunidades como Extremadura también son buen ejemplo de ello. Es lo que ocurre en Badajoz (Bataliús o Batalyaws), cuya muralla o “alcazaba” fue testigo de los orígenes de la propia ciudad situados en torno al siglo IX por el muladí Ibn Marwan al-Chilliqui, una época que llenó de esplendor a la ciudad considerada más importante de fundación plenamente musulmana.

Dicha fortificación sufrió algunos cambios posteriores, debidos en su mayoría al califa Abu Yaqub Yusuf perteneciente al periodo almohade (siglo XII), pero dichos cambios no restaron sencillez ni eficacia al recinto, que se trata de una construcción bastante bien conservada y que es la más grande de su estilo en todo el panorama nacional y una de las más grandes del mundo.

A pesar de los grandes desniveles del terreno provocados por el curso del río Rivillas y del Guadiana, los muros de la alcazaba se levantaron de forma muy inteligente y segura, convirtiendo pronto a la muralla en un lugar totalmente inexpugnable para los enemigos de la ciudad de Badajoz, en buena parte gracias también a su propia y compleja orografía.

 

Características de la Alcazaba de Badajoz

La Alcazaba de Badajoz se compone de cuatro puertas, que son: Puerta del Alpéndiz, Puerta del Capitel, Puerta de Yelves y Puerta de la Coraxa (las dos primeras de época almohade y elaboradas en “recodo”, lo que dificultaba mucho la entrada de los enemigos). Destacan también en el conjunto las torres flanqueantes erigidas en la llamada Torre de Espantaperros, elaboradas en el siglo XII con una original planta octogonal. Una vez dentro del recinto, en nuestro paseo por la historia y la arquitectura de Badajoz y de la Alcazaba podemos disfrutar del Palacio de los Condes de Roca, sede actual del Museo Arqueológico de la provincia, con un bonito patio porticado; también podemos pasear y disfrutar de los jardines o de los restos de la iglesia que se erigió sobre las ruinas de la antigua mezquita mayor que son los restos de la llamada Torre de Santa María. Destacan también la Torre del Palacio Episcopal y la sede de la Biblioteca de Extremadura.

Podemos decir también que el conjunto del recinto es de tipo ovalado y que tiene una medida de más de 600 metros: 200 metros que van de este a oeste y otros 400 que van de norte a sur, aunque las posteriores cercas y ampliaciones ampliarían la medida a unos 1.200 metros y unas 8 hectáreas. Los materiales principalmente utilizados fueron el ladrillo, la sillería, la mampostería y la argamasa dura. Además la muralla, en su parte superior, se compone de un largo pasillo o paseo de ronda, también conocido como adarve, que comunica todas las torres albarranas por la parte superior y a donde se puede acceder desde las escaleras interiores. La Torre más importante o destacada de todas las del conjunto es la Torre de la Atalaya o Torre de Espantaperros que mencionábamos anteriormente y parecida en estilo, aunque mucho más sencilla, a la sevillana Torre del Oro, por lo que entendemos que la Torre de Espantaperros pudo servir de inspiración. Las otras torres del recinto son: Torre de los Acevedo, Torre de la Horca, Torre del Alpéndiz, Torre del Pendón y Torre de Santa María, recientemente restaurada y que fue edificada sobre las ruinas de la mezquita mayor, como hemos tenido ocasión de referir anteriormente.

 

TORRE DE ESPANTAPERROS

 

Se cree que la Alcazaba fue tan importante en sus orígenes que pudo convertirse casi en una puerta de entrada y comunicación entre Al-Ándalus y los pueblos cristianos del resto de España. Una importancia que no perdería tras la reconquista, ya que la Alcazaba siguió siendo territorio inexpugnable, lo que sería de gran valor en episodios como el de la Guerra de Restauración portuguesa o la Guerra de Independencia. Todos estos motivos convirtieron en 1931 a la Alcazaba en “Monumento Histórico-Artístico”, aunque las obras de restauración a las que el conjunto se ve sometido en la actualidad no dejan de dar nuevos e interesantes motivos para dicha consideración, como la aparición de nuevas (aunque antiguas) torres y otros detalles arquitectónicos que dotan de más valor aún a todo el conjunto.

Se trata, en definitiva, de la edificación de tipo militar y defensivo más antigua de Badajoz, por lo que su visita es absolutamente imprescindible en cualquier posible recorrido por la ciudad pacense. Las vistas de toda la ciudad recompensan al que atraviesa todos sus recovecos y sus terrenos irregulares, fruto de su insigne labor defensiva, como ocurre con todo aquel que se anima a disfrutar de sus atardeceres, que vuelve a casa con una huella imborrable y con la sensación de haber sido un testigo privilegiado de la historia y del valiosísimo legado de nuestro pasado musulmán.